domingo, 9 de septiembre de 2012

La importancia de llamarse Hernesto


Déjame que te cuente…
Por Sergio M. Trejo González.
The Importance of Being Earnest, es el título original en inglés de una comedia de Oscar Wilde escrita en 1895, que trata sobre las costumbres de la sociedad. La obra se ubica en la Inglaterra y la trama se desarrolla alrededor del protagonista John y su ficticio hermano Ernest. Dicen los intérpretes que su traducción literal debería ser “La importancia de ser serio”, pero que en el idioma inglés tiene un doble sentido que se pierde en la traducción, ya que el nombre Ernest y la palabra "earnest" (serio) suenan igual fonéticamente.
Algo similar sucede con Hernesto González Nazario, el secretario de nuestro ayuntamiento, cuyo nombre se escribe con “H” debido a un error en su acta de nacimiento. Es raro, pero sucede hasta en las mejores familias, por falta de cuidado en revisar nuestros documentos personales, dejándonos a veces en condición de marcados, pues algunas fallas luego se convierten en estigma de la personalidad; aunque la verdad una letra más o una letra menos -que además es muda- no pasa a significar agravio. Igual en materia de resbalones tenemos a don Ernesto Zedillo, cuando en la campaña presidencial de 1994 confesó “Me gusta que me digan la neta”. Se hace presente en mi reminiscencia otro Ernesto “La Titina” Domínguez, un amigo entrañable de la generación que me antecede. Logré tratarlo porque estaba por dondequiera. Grande de estatura, moreno de color y de carácter alegre; comedido cortesano y cordial organizador (con su clan de amigos) de todas las fiestas públicas y privadas de nuestra ciudad.  Hay gente así, como las flores que muestran sus detalles, sentimientos y emociones, como pétalos. Ernesto “telenovela” Alonso, Ernesto “El Che” Guevara”, Ernesto “La Pinga” Olguín. “Ernesto”,  esa depresión tropicalona que nos cubrió hace un par de meses con lluvias torrenciales, viento fuerte y charcos por donde quiera, terminando en susurro de palmas y ternura de brisa.
Pero bien, el asunto aquí es que hace un par de días platiqué con Hernesto González Nazario, buscando saber el motivo por el cual se estaba pidiendo su baja. Debo confesar que me interesó su trato y sus modales. El secretario municipal es una dama, en atención y cortesía. Muy fino, como la punta de su calzado. Cierto que sus respuestas son lacónicas, pero resulta obvia su reticencia a platicar con extraños, sobre todo si los cuestionamientos versan sobre su idoneidad. Amable a secas, titubeante y reservado. Argumenta ser de esta ciudad y que tiene su domicilio en la calle Hidalgo sin número, aunque se menciona en los corrillos que proviene de Cosoleacaque por alguna especie de intercambio político. Dice, Hernesto, que ha trabajado en Xalapa, no se acuerda del lugar exacto ni que tiempo prestó sus servicios anteriormente pero debe ser porque su labor no fue muy significativa; tampoco recuerda le fecha en que tomó posesión en este ayuntamiento y todo se comprende porque sabemos que luego es costumbre cambiar las fechas, alterar los datos y las actas y nadie sabe quién es, ni para qué diablos sirve. Esquiva, Hernesto, su mirada medrosa, como una doncella, como un ave que renace, como el viento que enloquece…Renuncié a mis preguntas para que se escabullera con una soflama ingenua e inocente.  Se comprenden los requiebros y la vacilación, no está autorizado para soltar prenda íntima, a persona extraña; entiendo que con los de confianza si se puede, además que seguramente todo aquello que no sea de importancia para la alcaldesa le produce prejuicio y, se adivina, que no quería abrir demasiado la boca. Como en las escenas del cine mexicano clásico donde, la chica de pueblo, muerde su rebozo y se chivea.
Hernesto, es cierto, fue contratado por Fabiola para servirle a ella. Eso es lo que hace: Recibir órdenes de su jefa, y sus órdenes son no proporcionar informes ni documentos a persona ajena a la presidenta. Los ediles, que ahora piden su cabeza, tenían motivos de sobra para impedir su nombramiento pero no querían aun ponerse contra la patrona. Ahora que les entró la jiribilla de rebelarse pues la otra ya tiene la sartén por el mango, con algunas aliadas y vasallos que son una vergüenza cada vez que hacen declaraciones.
Digo esto como giro al conocido conflicto de la presidenta municipal con algunos regidores, Alejandro González ( PRI ), Gonzalo Lara Cruz ( PRD ), Norma Diz Reyes (Convergencia), Juana Pastora Benítez Martínez ( PAN ), Ángel Reyes e Isidro Lagunes (Nueva Alianza ), quienes estaban solicitando la renuncia de los dos principales funcionarios de confianza del ayuntamiento, argumentando que han sido muchas las fallas en que han incurrido tales empleados; sin embargo al parecer se ha dado marcha  atrás a la parte principal del pliego petitorio, toda vez que aunque se continúa en la solicitud de la destitución de “nuestro” Hernesto González Nazario, se habla de que han declinado respecto a la tesorera Delia Reyes Rodríguez. Los motivos de tal retirada se desconocen, el asunto es por la del erario ya no hay problema. Todo eso, parece no importarle a doña Fabiola, quien aparenta no preocuparle en lo mínimo el intento de rebelión. Sabedora de lo que son sus alas, pone la cara adusta al cabildo, aunque los acuerdos crujan. Ella, a lo suyo, recauda las firmas que necesita en cuanto al despacho corriente: Cuando se cansa se para y canta y hasta parece que está rumiando, luego se aleja y se va ignorando, sólo dios sabe que va pensando… ¿Quién tiene la culpa?
Nos guste o no, la señora Fabiola, es la presidenta municipal, eso es suficiente para quienes nos llamamos institucionales. Ya lo de sus desplantes de poder, sus  ausencias de palacio y su manera de administrar los dineros del presupuesto de los acayuqueños, resultan un privilegio que se obsequia, ignorando el significado taxativo de ser el “primer mandatario” -el que hace los mandados- Ella manda porque pa´ eso la pusieron y ahora ella gobierna solamente para quienes le aplauden.
Claro que todo esto nada tiene que ver con una juiciosa administración, porque los cuerpos de contraloría subrogan las anomalías administrativas de las hermanas Vázquez; nadie las audita, nadie revisa o inspecciona físicamente sus obras… la memoria me acarrea material de los casos históricos de intervención fiscal a la tesorería pero lo dejamos para otras entregas. Ellas han sabido sortear obstáculos y no veo quien le ponga un remedio. Acaban de obtener un pírrico triunfo en las elecciones pretéritas, que da lugar a una nueva versión de ese descargo burlesco del “haiga sido como haiga sido”, que sólo ha servido de tapadera para quienes se mofan de la prole.
El grupo de los seis parece no saber lo que persigue; quizá pudieran ver claro buscando por el rumbo de la transparencia: Esta significa el deber de las autoridades de realizar sus acciones de manera pública, como un mecanismo de control del poder y de legitimidad democrática. Debe ya reflexionarse que nuestro palacio municipal no puede ser el refugio de los amigos o de la servidumbre doméstica, se tiene que dignificar el servicio público; echémosle un ojo a las diferentes asociaciones y clubes para comprender para qué sirve la voz y el voto. Apliquemos el liberalismo político como una disposición firme a respetar tanto a las mayorías como a las minorías.
La administración municipal que padecemos, viene quedando a deber a los vecinos esa información que debe por ley dar a conocer. Nadie sabe nada en Acayucan, de manera oficial, por eso el pueblo vive en la especulación y la falacia. Ya basta de  inventos y disfraces: ¿para qué es ese basamento de la entrada de nuestra ciudad?  ¿Por qué tal abandono del parquecito Constitución? ¿Cuándo se van a reponer las doce bancas que faltan en el parque Juárez?  ¿Un mural en el costado norte de nuestro palacio? ¿El techo de la cancha de Cruz Verde?
La información debe ser difusión obligatoria, es decir, no se tiene que solicitar, sino que tiene que estar disponible para la libre consulta. Listas, nominas, la plantilla de trabajadores, la preparación académica y experiencia de los funcionarios, los informes de gestión financiera, las licitaciones, la obra pública directa, contratación de bienes y servicios y presupuesto de egresos. Comisión de funcionarios a otras áreas del Ayuntamiento, los costos de viajes y viáticos, acompañantes, los tipos de permisos, licencias y concesiones. Esto son sólo algunos de los temas que deberían subirse a determinada sección de transparencia de la página web del Ayuntamiento. Si no existe, que se ordene la creación. La transparencia pública es una virtud que regala seguridad, inspira fortaleza y claridad de ideas. Si la transparencia fuera realidad en Acayucan aprenderíamos a llamar las cosas por su nombre y distinguiríamos quién  merece nuestra confianza. Hay que recuperar el prestigio de la política, educando a nuestro pueblo, sobre todo el testimonio personal más que por las palabras.