lunes, 12 de noviembre de 2012

EL CARTERO


Eva López Robinson
El 12 de noviembre estuvieron  de fiesta los carteros, los que por muchos años llevaron en sus alforjas las ilusiones, esperanzas, noticias tristes o halagüeñas ansiosamente esperadas detrás de cada puerta que se abría al conjuro de un silbato.
En las casas vecinas los rostros asomaban, igual que  la pregunta ávida de la joven a la espera de la misiva amada ¿ya pasó el cartero? Y éste, a pie o en la tradicional bicicleta, llevaba el correo postal de mano en mano, con el saludo cordial a flor de labios, y cuando la confianza existía, la sana chanza con los destinatarios de sus entregas.
El cartero era un verdadero personaje, conocido y respetado por todos, y digo “era” no porque desaparecieron del todo, o porque los actuales sean unos perfectos desconocidos o indignos de respeto, no,  es simplemente que la vida cambió y las máquinas tomaron el lugar de los nobles mensajeros, aunque todavía algunas empresas e instituciones bancarias utilizan sus servicios y no dudo que haya quien envíe cartas vía correo postal y esto… ¡es una maravilla!
Tenía su magia la espera por el silbatazo anhelado, por el sentir con un temblor de manos, el sobre de papel, de donde saltaba una hoja que podía  provocar profunda alegría o todo lo contrario… Y el guardar las cartas resultaba un ritual, principalmente para los enamorados; hasta existen canciones y películas alusivas a los añejos sobres atados con un listón, ocultos en el fondo de un viejo baúl… ¡Cuánto diera por tener un tesoro así en mis manos!
Hoy… sentada frente al monitor, escucho el timbre que me anuncia ha entrado un nuevo correo, el mouse se mueve y con un click abro el mensaje, para tomar los saludos del amigo que acaba de escribirme desde Francia, y si tengo cámara web a la mano, puedo conectarme y ver en tiempo real lo que hace en esos momentos… cosas de la tecnología, pero indudablemente, nada será mejor que el contacto directo entre seres humanos. Recibir de una cálida mano las buenas o malas noticias, aunadas a un “buenos días” y un rostro que sonríe…
Aún extraño al cartero montado en su bicicleta con su otrora uniforme caqui y su gorra de dril y piel, cargando la pesada alforja de cuero, entregando correspondencia de casa en casa, preguntando por un destinatario que no localiza, mientras a patadas espanta a los perros del barrio que se quieren colgar de su pantalón… y cómo olvidar la musiquilla pegajosa de los Apson Boys  dedicada al cartero:
Todas estas noches
no puede dormir
porque no he sabido
más de ti

Pero de pronto veo venir,
Sí, es el cartero
que me trae nuevas de ti

De su maleta, sacará
esa carta que me hará feliz.
Ahí en el buzón está mi corazón
porque llegó el cartero…
tan importantes personajes , ni siquiera Francisco Gabilondo Soler, “Cri-cri” dejó de hacerles un homenaje:
Con su cartera de cuero
viene el perrito cartero
y en cada puerta se para y toca
para que pronto le vengan a abrir.

En toditas las casas
viene dejando las cartas,
que traen recuerdos y mil saludos
de animalitos que no están aquí.
Mucho material dieron los viejos repartidores postales, por lo cual son merecedores de homenaje permanente en nombre de las generaciones que vivieron su auge… Para ellos, los que ya no están, gracias por su hermoso trabajo, por lo que nos dieron y que vive en nuestros corazones. Un abrazo para los que se jubilaron y aún recuerdan desde su refugio, las horas  de recorrido por muchas jornadas… Y a los de hoy, igualmente, con el deseo de que en su diario quehacer, sean como aquellos carteros que recordamos, amables, diligentes y muy puntuales.             
               

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