viernes, 30 de noviembre de 2012

"Haiga sido como haiga sido": concluyen seis años de oprobio, de dolor irreparable


COLUMNA: CLAROSCUROS
 
Por: José Luis Ortega Vidal

(1)

Con “paciencia de Job”, se darán las condiciones para hacer el balance detallado de lo que fue el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.
El análisis sobre el trabajo del segundo presidente panista en la historia de México, se vinculará en muchos sentidos y en múltiples aspectos al de su antecesor: Vicente Fox Quesada.

De “la martita” a la guerra de los 60, 80, 100 mil muertos –las cifras varían según el cristal con que se mira- que además de constituir un dato espantoso, simbolizan el dolor sin remediio de un país bañado en sangre.
Del “eso lo resuelvo en quince minutos” a los doce años sin crecimiento económico; sin avance en la generación de empleo; sin un ápice de desarrollo en materia de justicia social.
Del “hoy, hoy, hoy”, al recorrido de despedida inaugurando obras incompletas; a las visitas ligadas una tras otra al Veracruz despreciado por la enemistad con sus gobernadores.
 ¿Quién le dijo a Felipe que Veracruz es Fidel Herrera, que Veracruz es el PRI, que Veracruz es Javier Duarte?
El pueblo por donde entró la conquista, el encuentro de dos mundos, el encontronazo de dos mundos, la invención de América -o como se desee conceptualizar al nacimiento del país mestizo que somos- es mucho más que políticos y política.

 A Calderón Hinojosa, los veracruzanos lo estuvimos esperando durante seis años y esperábamos que nos sorprendiera con proyectos, acciones, decisiones de Jefe de Estado, administración honesta de recursos, visión amplia y profunda de la sociedad culturalmente millonaria que es México y que es nuestra entidad.
Se esperó que nos compartiera las razones que justificaran su presencia en el poder.

Los motivos por los cuales la gente que votó por su bandera en el 2006 hizo optó por lo correcto, frente al número ampliamente superior de quienes no confiamos en él.

El deseo de habernos equivocado estuvo presente desde el primer segundo aquel primero de diciembre, seis años atrás. Y nos decíamos:
-Ven Felipe, demuéstranos que cometimos el grave e injusto error de no haber votado por ti. De haber pensado que contigo llegaba al poder una regresión histórica: el conservadurismo torpe, hipócrita, que no es ni fiel a sí mismo; que se miente cada día al fingir que reza y hacer como que no peca.
Ven Felipe, pon sobre la mesa de los resultados el rostro de un país más justo, más equitativo, con una reforma educativa que acabe con el analfabetismo, que haga realidad la primaria, la secundaria y el bachillerato universal no sólo en la oferta dotada de la infraestructura necesaria, sino en los resultados concretos, estadísticos; sin un solo mexicano alejado de ese nivel escolar.
Visítanos Felipe: platícanos que venciste a la mafia de los sindicatos; que te impusiste a los intereses de la oligarquía económica y financiera que otorga a unos cuantos cientos de familias el goce de la riqueza nacional.
Visítanos Felipe: dinos que colocaste la última piedra del último hospital dotado de laboratorios, medicamentos, salas de operación, médicos y enfermeras suficientes y especialistas de todas las áreas en cada entidad de México.

 Eso esperábamos mientras veíamos pasar el 2007, el 2008, el 2009, el 2010, el 2011 y finalmente los once meses del 2012 que se cumplen hoy.
Y este día llegó, tras enterarnos que en días pasados -en el ocaso de su fracaso- de última hora vino a Veracruz a inaugurar una planta criogénica de PEMEX en Poza Rica y poner en marcha una carretera privada, cara y con acabados pendientes entre Xalapa y Perote.

 (2)
Ay Felipe.

El sureste de México sigue tan pobre como cuando entraste.
El resto del país sobrevive en una economía cuyo mayor logro es no estar peor.
 PEMEX sigue siendo la caja chica de la hacienda federal como cuando llegaste: “haiga sido como haiga sido”.
Los sindicatos y sus líderes en particular lucen más gordos de tanto devorar dinero obrero, igual o peor que hace un sexenio, cuando te sentaste en la silla por la que luchaste toda tu vida.

Los apellidos que tienen endosada a su favor la factura de México siguen siendo los mismos y sólo pudiste añadirle dos nombres: el tuyo y el del “Chapo” Guzmán.
(3)
En tu reciente visita a Veracruz, Felipe, no causaste decepción a la mayor parte de los veracruzanos. Tu visita no dio ni para eso.
Aquí perdiste y de ti sólo se esperaba una sorpresa que hace mucho tiempo se perdió en el mar de las promesas que le hiciste al país y que no cumpliste.
Tu visita reciente fue la del gorrón que se invita solito a la fiesta y sonríe mientras recibe un desdén discreto.
Entraste, te comiste el platillo y el refresco que este pueblo noble le da a todos sus visitantes y tu partida –lo mismo que tu llegada- no tuvo mayor trascendencia.
Eso sí, en Veracruz como en el resto del territorio nacional saber que hoy es tu último día como gobernante constituye un alivio porque encabezaste un gobierno que en la historia de México tendrá algunas similitudes con el papel de Victoriano Huerta al frente de la República: por la sangre derramada, por el ego insaciable, por la traición a ustedes mismos y –en tu caso- a quienes vieron en ti la certeza de un avance social que nos urge y que no llega.
 
Huerta llegó a poder tras la Decena Trágica.
Vicente y tú, Felipe, han sido protagonistas de la docena trágica.
 

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